PELIGRO EN EL ESTADIO "ANTONIO ROMERO"
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Gentileza: El Comercial de Formosa
El Nuevo Estadio de la Liga Formoseña de Fútbol fue construido a fines de la década de los años 70 y el comienzo de los 80, gracias a la inclaudicable tarea de un gran dirigente deportivo como lo fue don Antonio Romero, junto a un nutrido grupo de soñadores, con el incondicional apoyo del gobierno de turno y el generoso aporte de la comunidad
formoseña.
Fue una tarea que demandó muchas horas, días, meses y años de labor ininterrumpida, para darle a
Formosa un escenario deportivo acorde a las exigencias del tiempo que transcurría.
Aquel 16 de Julio de 1981 (Día de la Virgen del Carmen), los formoseños se volcaron masivamente al Nuevo Estadio, atraídos por la inauguración de una obra magnífica y por la actuación del seleccionado nacional que en 1978 había ganado, por primera vez para nuestro país, un título mundial de fútbol.
La gran fiesta comenzó temprano y los 30.000 aficionados que llenaron la capacidad de la nueva casa del fútbol, certificaban la gratitud de un pueblo orgulloso de sus dirigentes y sus autoridades.
Por eso, aquel prolongado abrazo entre Antonio Romero, Ignacio Deoseffe, Francisco “Negro” Vega y Justo Bareir, era el final deseado, la misión cumplida, el sueño hecho realidad, donde hubieron muchos “anónimos” que pusieron el hombro y renunciaron a sus horas de descanso para ayudar en la difícil labor de construír un escenario deportivo de la magnitud del Nuevo Estadio.
El paso del tiempo y El “que me importa”
Con la casa nueva y todos los accesorios funcionando, se esperaba la continuidad de un proceso lleno de progresos. Sin embargo, tras el alejamiento de don Antonio Romero de la conducción de la Liga y con la llegada de “parches” que nunca sintieron el mismo “amor por el fútbol”, el retroceso, primero fue lento, y con el paso de los años se convirtió en vertiginoso, hasta arribar a un presente sombrío, como ingresando a un callejón sin salida, donde nadie aporta nada, haciendo vigente la negligencia, observando todos los días el deterioro, pero sin la mínima intención de frenar el derrumbe de una estructura que fue orgullo de los formoseños para convertirse ahora en una vergüenza inocultable.
El “qué me importa” está más vigente que nunca. Y pensar que ese estadio y el manejo del fútbol en nuestra capital fue “trampolín” para muchos que sacaron réditos importantes para mejorar sus respectivos “status”, sin atinar a devolver con obras una mínima parte de lo que reciben o recibieron.
La tragedia a la vista
Diversos sectores del Nuevo Estadio hoy están muy deteriorados. Los “talud” de los sectores de plateas y populares ya no pueden soportar sus estructuras.
Enormes “fosas” en distintos sectores presagian una tragedia y sería lamentable que ello ocurra por la notable “negligencia” de los dirigentes, que pasa a convertirse en una actitud “criminal” donde muchos aficionados que gustan del fútbol pueden ser víctimas inocentes.
Urge la necesidad de, por lo menos, rellenar los sectores dañados, pero se hace imprescindible la inspección por parte del organismo provincial competente, para determinar si hoy el Nuevo Estadio se encuentra habilitado para espectáculos de enorme concurrencia, ya que una sobrecarga humana podría terminar en una verdadera tragedia.
Con la mano en el corazón
Se suele escuchar que “ la única verdad…es la realidad”. La documentación gráfica actualizada que ilustra el comentario puede servir de testimonio valedero para que los dirigentes de la Liga Formoseña de Fútbol pongan la mano en sus respectivos corazones y traten de devolver la alegría a los habitantes de nuestra provincia, trabajando ya en el reacondicionamiento de un escenario deportivo que antes fue “orgullo”, pero hoy se ha transformado en una verdadera “vergüenza”.